Junio - Tiempo de lectura aprox 6 min
Lo que el invierno sabe y nosotras olvidamos
Hace algunos años, cuando llegaba el invierno, algo en mí cambiaba.
Mi energía bajaba. Me costaba más arrancar el día. Sentía más necesidad de quedarme en casa, de hacer menos cosas, de estar más tranquila.
Y eso me preocupaba.
Pensaba que algo me estaba pasando. Que quizás estaba demasiado cansada, que tenía demasiadas responsabilidades o que me estaba enfermando.
Intentaba seguir al mismo ritmo de siempre. Me exigía tener la misma energía que en otras épocas del año. Pero cuanto más lo intentaba, más agotada me sentía.
Hasta que un día empecé a observarme.
Y descubrí algo que parece obvio cuando lo vemos, pero que muchas veces olvidamos:
la naturaleza es cíclica. Y nosotras también.
Hay momentos para expandirnos, crear y movernos. Y hay momentos para bajar el ritmo, mirar hacia adentro y conservar energía.
Como los árboles, como la tierra, como las estaciones.
No me estaba pasando nada malo.
Simplemente estaba atravesando mi propio invierno.
Cuando entendí eso, dejé de pelearme con mi energía y empecé a acompañarla.
Empecé a moverme más despacio. A sacar de mis días algunas actividades que me drenaban sin aportar valor. A disfrutar de un matecito en la cama mientras escribía unas líneas en mi cuaderno. A llegar del trabajo y quedarme jugando con mi hija entre risas, música y bailes improvisados.
Pequeñas cosas que me ayudaron a vivir en coherencia con mi energía natural.
Y honestamente, me acomodaron la vida.
Y si respetamos nuestra naturaleza ?
Cuando llega el invierno, la naturaleza no se resiste.
Los árboles pierden sus hojas.
La tierra descansa.
Los animales conservan energía.
Nadie le exige a una semilla florecer rápido o en un tiempo determinado.
Sin embargo, muchas veces nosotras hacemos exactamente eso con nosotras mismas.
Seguimos acumulando tareas cuando necesitamos descanso.
Seguimos produciendo cuando nuestro cuerpo pide pausa.
Seguimos intentando controlar cada detalle de la vida cuando quizás lo que necesitamos es confiar un poco más en el proceso.
La naturaleza respeta los ciclos.
Nosotras solemos exigirnos estar bien, motivadas y productivas todo el tiempo.
Pero la vida no funciona así.
Hay estaciones externas y también estaciones internas.
Hay momentos para avanzar y momentos para descansar.
Hay momentos para sembrar y momentos para cosechar.
Y todos tienen valor.
Quizás el invierno viene a recordarnos algo muy simple:
No tenés que florecer todo el tiempo.
¿Cómo sé si estoy peleándome con mi propio invierno?
A veces creemos que estamos cansadas porque nos falta organización, disciplina o motivación.
Pero muchas veces lo que ocurre es algo diferente: estamos intentando vivir a un ritmo que no coincide con nuestra energía cíclica actual.
Quizás te sirva observar si alguna de estas situaciones te resulta familiar:
🍂 Te sentís culpable cuando descansás.
🍂 Llenás cada espacio libre con tareas o pendientes.
🍂 Te cuesta decir que no, aunque estés agotada.
🍂 Sentís que nunca hacés suficiente.
🍂 Te comparás con momentos de tu vida en los que tenías más energía.
🍂 Tu cuerpo te pide pausa, pero tu mente te exige seguir.
🍂 Te cuesta disfrutar los momentos de calma porque sentís que deberías estar haciendo algo "más productivo".
🍂 Seguís sosteniendo actividades, compromisos o responsabilidades que ya no tienen sentido para vos.
Si te identificaste con varias de estas situaciones, quizás no necesites exigirte más.
Quizás necesites escucharte más.
Algunos cansancios se alivian cuando empezamos a respetar nuestros propios tiempos.
Te dejo algunas preguntas que pueden transformarte
¿Para qué hago lo que hago?
¿Para qué sostengo esta actividad?
¿Para qué sigo diciendo que sí a cosas que ya no disfruto?
¿Para qué corro tanto?
¿Para qué estoy ocupando mi energía?
¿Eso que hago tiene valor para mí hoy?
Porque a veces seguimos sosteniendo hábitos, compromisos o responsabilidades que tuvieron sentido en otro momento, pero ya no en este.
Este invierno te propongo algunas prácticas simples:
Para conectar con vos
🌿 Escribir unos minutos al día sobre cómo te sentís.
🌿 Tomarte una pausa consciente para tomar un té o un mate sin hacer otra cosa al mismo tiempo.
🌿 Practicar gratitud por las pequeñas cosas cotidianas.
🌿 Pasar unos minutos en contacto con la naturaleza.
🌿 Utilizar Flores de Bach, Reiki, aromaterapia o aquellas prácticas que te ayuden a acompañar tu proceso personal.
Para acompañar tu energía en el día a día
🌿 Revisar tu agenda y preguntarte qué actividad podrías simplificar esta semana.
🌿 Delegar una tarea que venís sosteniendo sola y que otra persona podría ayudarte a realizar.
🌿 Elegir una sola prioridad importante por día en lugar de intentar hacerlo todo.
🌿 Reducir el tiempo dedicado a actividades que drenan energía y no aportan valor real a tu vida.
🌿 Dejar espacios vacíos en la agenda para descansar, respirar o simplemente no hacer nada.
🌿 Pedir ayuda cuando la necesites, recordando que sostenerlo todo sola no te hace más valiosa.
🌿 Preguntarte cada noche: ¿Qué me dio energía hoy y qué me la quitó?
Pero sobre todo:
🌿 Preguntarte si estás respetando tus propios ciclos.
Porque cuando dejamos de luchar contra nuestra naturaleza, aparece algo muy parecido a la paz.
Una invitación
Si este artículo resonó con vos, quizás sea un buen momento para preguntarte:
¿Estoy respetando mis tiempos o sigo exigiéndome florecer todo el tiempo?
Y si sentís que necesitás un espacio para escucharte, compartir y volver a vos misma, te invito a participar de Volver a mí, nuestro Círculo de Mujeres gratuito que realizamos el último viernes de cada mes.
Un espacio seguro para ser vos misma.
Y si conocés a otra mujer que necesite leer estas palabras, te invito a compartirle este artículo.
A veces una pausa compartida puede cambiar mucho más de lo que imaginamos.
Con amor y luz,
Salo Romero ❤️